En las clases de flamenco y sevillanas en Leganés escucharemos hablar muchas veces del triángulo del flamenco. Se llama así a una zona en la que se desarrolló este arte durante el siglo XVII y en adelante. En un principio, los vértices y ciudades principales que los componían eran Ronda (Málaga), Triana (Sevilla) y Cádiz, pero poco después el vértice de Ronda se desplazó hasta Jerez de la Frontera (Cádiz), donde el barrio de Santiago se convirtió en uno de los centros principales de este arte junto al de Santa María en Cádiz y al ya mencionado de Triana.

En la Escuela de danza Patricia Doménech descubriremos los distintos palos del flamenco y como la mayor parte de ellos provenían de estas ciudades. Sin embargo, el arte se fue extendiendo y pronto otros lugares como Linares (Jaén), Huelva, Granada, San Fernando (Cádiz), Algeciras o los Puertos (Real y de Santa María, Cádiz) se iban convirtiendo en otros centros importantísimos junto a localidades más pequeñas como Lebrija, Osuna o Utrera en Sevilla.

En las clases de flamenco y sevillanas en Leganés seguramente distingamos entre los lugares donde el cante tuvo más importancia y otros donde primó el baile. Curiosamente, sería en las provincias occidentales en los que los gitanos adaptarían este cante mientras que en Córdoba, Málaga, Jaén o Granada tardarían varios siglos más en introducirse, al tener poca relación con las etnias occidentales y centrarse más en su relación con la mancha. Sin embargo, en ningún lugar hubo tanto flamenco y tan bueno como en los tres vértices: Cádiz, Sevilla y Jerez de la Frontera.